Los entornos digitales, diseñados originalmente para la recreación y el aprendizaje, se han transformado en escenarios de vulnerabilidad para la niñez y adolescencia en la entidad de acuerdo con la Secretaría de Seguridad de Jalisco emitió recientemente una alerta tras la localización de un menor que intentó encontrarse físicamente con personas contactadas a través de internet, un incidente que pone de relieve los peligros latentes tras las pantallas.
Especialistas en seguridad digital y organismos internacionales como UNICEF advierten que este no es un caso aislado, ya que los delincuentes aprovechan el anonimato de los chats de voz y las plataformas de videojuegos populares para desplegar tácticas de manipulación emocional, extorsión y, especialmente, el denominado grooming.
El grooming se define como la práctica en la que un adulto establece un vínculo de confianza con un menor mediante engaños para fines de abuso o explotación. Según los expertos, los agresores suelen fingir edades similares a las de sus víctimas, ofrecen regalos o monedas virtuales y, eventualmente, solicitan mantener las conversaciones en secreto o trasladarlas a aplicaciones de mensajería privada fuera del ecosistema del juego.

Además de los riesgos de contacto con desconocidos, el uso excesivo y sin supervisión de estas plataformas se asocia con alteraciones del sueño, ansiedad, dependencia y exposición a contenidos violentos o retos peligrosos que afectan el bienestar emocional de los jóvenes.
La prevención comienza con la observación por lo que las autoridades recomiendan a padres y tutores prestar atención a conductas inusuales que podrían indicar que un menor está siendo víctima de ciberacoso o manipulación:
Aislamiento repentino y cambios bruscos de humor o irritabilidad.
Ocultamiento de pantallas o conversaciones cuando un adulto se acerca.
Recepción de regalos digitales o dinero sin una explicación clara.
Uso de videojuegos durante la madrugada o en horarios inusuales.

Contrario a la creencia popular, los expertos coinciden en que la prohibición total no es la solución más efectiva. El enfoque debe centrarse en el acompañamiento y el diálogo constante. Entre las medidas fundamentales de seguridad se encuentran:
Activación de controles parentales: Configurar la privacidad en consolas, teléfonos y aplicaciones.
Protección de datos: Instruir a los menores para que nunca compartan su ubicación, escuela, fotografías o contraseñas.
Supervisión activa: Conocer los videojuegos que utilizan, revisar las listas de amigos y monitorear los chats de voz.
Espacios comunes: Establecer que el uso de dispositivos se realice en áreas compartidas del hogar para evitar el juego en secreto.
La consigna de las autoridades es que la supervisión no debe entenderse como una invasión a la privacidad, sino como una medida esencial de protección, en el mundo digital, la confianza y el acompañamiento familiar son la barrera principal entre una experiencia lúdica segura y una situación de riesgo real.