El Tepatitlán F.C., junto con otros siete clubes de la Liga de Expansión MX, ha levantado la voz en contra del actual proceso de certificación para ascender a la Liga MX, calificándolo de «simulación» y «trampa» que niega los principios fundamentales del deporte: el mérito, la transparencia y la competencia justa. En un contundente comunicado, estos equipos manifiestan su decisión de no participar en lo que consideran un sistema diseñado para mantener cerradas las puertas del ascenso.
El Tepatitlán, club con arraigo en el desarrollo del fútbol mexicano, se suma a la postura de equipos como Atlante, Leones Negros, Atlético Morelia, Cancún FC, Venados FC, Atlético La Paz y Mineros de Zacatecas, quienes denuncian una serie de irregularidades que han impedido el crecimiento deportivo en la división de plata.

El comunicado detalla una cronología de obstáculos. Se recuerda el caso de Lobos BUAP en la temporada 2018-2019, que logró ascender pero fue desafiliado por problemas administrativos, mientras que Veracruz pagó para mantener su lugar y finalmente fue desafiliado. La auditoría de 2020 a cargo de Ernst & Young no entregó resultados ni transparencia, y la FMF declaró que ningún equipo estaba en condiciones de ser certificado, anunciando que el ascenso se suspendería por cinco temporadas a cambio de una compensación económica de 20 millones de pesos anuales.

En 2022, una nueva condición impidió el ascenso: solo sería posible si al menos cuatro clubes estaban certificados y uno de ellos era el Campeón de Campeones. A pesar de cumplir con auditorías, planes de negocio y criterios financieros, no se ofrecieron mecanismos de apelación ni criterios técnicos verificables. Para 2024, el Comité de Certificación ni siquiera se reunió a tiempo, y los resultados llegaron en septiembre, con la temporada ya avanzada. La situación se repite en 2025, con una convocatoria publicada con retraso y la solicitud de documentación sin calendario claro.
Los clubes firmantes, incluido el Tepatitlán F.C., son enfáticos al afirmar que nunca fueron consultados para definir las reglas. Critican la discrecionalidad en la aplicación de las normas, señalando que los criterios son «binarios, sin matices ni posibilidad de división». Además, denuncian que las auditorías externas son solo un formalismo, ya que la decisión final recae en un «comité opaco, sin rostro ni rendición de cuentas». Esto, a su juicio, «no es profesionalización, es exclusión disfrazada de orden».

Denunciaron que el proceso de certificación no es un filtro de calidad, sino un «candado diseñado para que el ascenso a la primera división nunca se abra«. Afirman que siete clubes de la Liga de Expansión MX están impedidos estructuralmente de certificarse, más allá de su desempeño deportivo. Se mencionan casos como Tlaxcala, Irapuato y Tampico Madero como «equipos invitados, sin acceso al proceso de certificación», y la exclusión de Dorados y Tapatío por la regla de multipropiedad, así como la «congelación» de Cimarrones y Celaya por decisión de la propia Liga.

Los clubes recuerdan que la suspensión del ascenso y descenso, propuesta por cuatro años en 2016-2017, se concretó completamente, eliminando el ascenso y un monto de 120 millones de pesos que los clubes debían pagar para permanecer en la Liga MX, demostrando que «si podías pagar, no importaba lo que ocurriera en la cancha».
En 2017-2018, nació el proceso de certificación, donde solo seis clubes fueron certificados por criterios de infraestructura, fuerzas básicas y capacidad financiera. Cafetaleros, campeones de campeones, no pudieron ascender, mientras que Lobos BUAP pagó 120 millones para quedarse, evidenciando la discrecionalidad que se ha apoderado del sistema.

El Tepatitlán F.C. y los demás clubes rechazan ser cómplices de un proceso que consideran injusto y que atenta contra el futuro del fútbol mexicano. Exigen reglas claras, un sistema abierto y un fútbol con mérito, donde el objetivo sea construir una liga con reglas iguales para todos, como ocurre en las mejores ligas del mundo. «Un sistema donde no importe cuánto puedas pagar, sino cuánto puedas competir», subrayan.
Los clubes hacen un llamado a toda la sociedad futbolística: jugadores, entrenadores, periodistas, autoridades y, sobre todo, a la afición, a rechazar los discursos que simulan inclusión y perpetúan un sistema cerrado. Demandan detener los castigos a quienes desean crecer con esfuerzo, talento y visión.

Los equipos, aseguraron que creen en un fútbol donde las ciudades puedan soñar con tener un equipo en primera división, que sea «símbolo de identidad, esperanza y orgullo local». Anhelan un sistema donde los niños puedan soñar con ver a su equipo en lo más alto o jugar algún día con sus ídolos en su propio estadio.
El comunicado concluye con una poderosa declaración: «No pedimos privilegios. Pedimos justicia. No pedimos favores. Pedimos reglas claras. No pedimos compasión. Pedimos competir.