En un acto sin precedentes históricos, el Papa León XIV se presentó esta mañana, 25 de mayo de 2026, en el Aula del Sínodo para dar a conocer su primera encíclica, titulada Magnifica humanitas. El documento, que aborda de manera directa la «custodia de la persona humana en la era de la inteligencia artificial», marca un hito no solo por la presencia del Pontífice en su presentación pública, sino también por el inédito escenario de ver sentados junto a él a cardenales, profesores y expertos en alta tecnología.
El texto de aproximadamente 200 páginas es el fruto de una profunda reflexión de diez años en el seno de la Santa Sede, con él, el Papa busca responder a la gravedad de un momento histórico donde la Inteligencia Artificial influye de manera drástica en la vida diaria, moldea las decisiones globales y cambia radicalmente la forma en que se libra la guerra, ante esta realidad, el Santo Padre lanzó una consigna clara y contundente: la IA requiere hoy ser «desarmada» y liberada de cualquier lógica que la transforme en un instrumento de dominio, exclusión o muerte.

Haciendo uso de metáforas y paralelismos históricos, León XIV comparó este desafío con el que afrontó el Papa León XIII hace 135 años. Si en aquella época la encíclica Rerum Novarum dio respuesta a las injusticias de la revolución industrial y el empobrecimiento de la clase obrera, hoy el Papa Prevost quien firmó simbólicamente este nuevo documento el pasado 15 de mayo sitúa los ojos de la fe ante la revolución tecnológica actual, en sus palabras, se siente llamado a contemplar esta transformación atendiendo a «los gritos de los pobres y de la tierra».
El Pontífice detalló que las orientaciones del texto surgen de un largo proceso de escucha a científicos, ingenieros, líderes políticos, maestros y padres de familia. Sin embargo, alertó sobre la recepción de voces alarmantes acerca del desarrollo de sistemas de armas autónomos fuera de control humano y el uso de algoritmos viciados por prejuicios que restringen el acceso a servicios básicos como la salud, el trabajo y la seguridad. Ante esto, sumó su preocupación por el silencio forzado de los sectores vulnerables que no tienen voz en la toma de estas decisiones.

Reconociendo el fuerte impacto de sus palabras, León XIV defendió el uso del término «desarmar» aplicándolo a la tecnología digital, de la misma forma en que la Iglesia ha abogado históricamente por el desarme nuclear. Ambas tecnologías, argumentó, deben orientarse exclusivamente hacia el bien común, manteniendo siempre la conciencia y la responsabilidad humana al frente. «La paz es la justicia en acción, pero cuando la tecnología debilita nuestro sentido crítico, es la paz misma la que está en riesgo», advirtió.
No obstante, el Papa enfatizó que el desarme es solo el primer paso; el objetivo final es «construir». Evocando su propia experiencia misional en Perú durante las devastadoras inundaciones de El Niño en 2017, recordó que la reconstrucción no es solo reemplazar lo material, sino reparar los lazos sociales y restablecer la confianza. Bajo la premisa de que «nadie reconstruye solo», hizo un llamado a un esfuerzo conjunto entre los desarrolladores técnicos, las potencias económicas, las periferias y los usuarios para edificar un futuro que no beneficie únicamente a unos pocos privilegiados.
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Para finalizar, León XIV aclaró que la Iglesia no pretende ofrecer respuestas técnicas ni suplantar la labor de los expertos competentes. El propósito de su participación en el diálogo global es aportar la sabiduría humanista y cristiana que defiende a cada persona como un ser único, libre, inteligente y dotado de conciencia.
El acto concluyó con una invitación abierta a toda la humanidad para asumir con valentía los retos del presente, cooperar en la creación de una sociedad más fraterna y convertirse en «artesanos de la esperanza» capaces de encaminar la tecnología hacia el desarrollo integral y el florecimiento de la civilización del amor.
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